Clamante Vitaminado, Le Devuelve La Alegría

Ahora que me veo convaleciente de mi tendinitis en el codo, y con mi brazo derecho inmovilizado, me acuerdo de esos domingos de los años 70 en el campo con nuestros padres, tíos y primos. Las mesitas y las sillas de camping, el vino con gaseosa, las tortillas de patatas, los libritos de lomo. Los SEAT 600 y los 850 Especial iban cargados hasta los topes de neveras portátiles, fiambreras de la casa Tupperware, vasos y platos de Duralex en colores verde y ambar, y de críos. Un montón de críos en cada coche en dirección al deseado “día de campo” y sin elevadores, sillitas ni cinturones de seguridad.

Y como no, me acuerdo de que una tendinitis nunca se solucionaba ni con inmovilizaciones ni con infiltraciones. Cualquier mal tenía su cura inmediata con aquellos botiquines setenteros que nuestros padres llevaban en la guantera del coche y que contenían: alcohol, agua oxigenada, mercromina, sulfamidas, vendas, esparadrapo de la marca Imperial, algodón, tiritas y el infalible Calmante Vitaminado.

Cualquier trompazo, arañazo, caída con voltereta incluida, etc, tenía su remedio aplicando unas gotas de alcohol, unos polvos sulfamidas para prevenir infecciones, una venda sujetada por una tirita y un Calmante Vitaminado para evitar el dolor.


Por si eso fuera poco; nosotros regresábamos a casa vendados y llenos de mercromina hasta las orejas, tal y como si hubiésemos mantenido una refriega contra alguna guerrilla revolucionaria, y con nuestro calmante entre pecho y espalda, pero siempre, absolutamente siempre... algún tío se había pasado de vueltas con el vino, la gaseosa o con el brandy Soberano, y alguien de la familia le administraba también el calmante vitaminado de turno.

—A ti qué te duele tío? —preguntábamos.

—A mí?... A mí no me dfuele naaadza —respondía el tío con una sonrisa socarrona y la nariz colorada.

Y es que claro..., ya lo decía el anuncio: “Beba sin temor. Ya todo ha pasado con Calmante Vitaminado”.

Así que ni controles de alcoholemia, ni leches; el tío cargaba de nuevo el coche con un puñado de críos y emprendía el viaje de regreso a la ciudad aunque llevase un pedo del quince. Como mucho, en alguna curva tomada un poco en Zig-Zag, se le acercaba una pareja de la guardia civil, le hacían detener el coche, bajar la ventanilla, y le saludaban con ese: “Güenas tardes... Documentassión”. El tío sacaba los papeles del coche de la guantera, los guardia civiles veían el botiquín, miraban el interior del vehículo -que más bien parecía un parvulario en día de excursión- y ya consideraban que el tío era un señor responsable. Además... si su aliento echaba un poco de pestazo a Brandy Soberano, su categoría aumentaba a la de “macho ibérico”, ya que eso... “era cosa de hombres”. Le despedían con un: “Güen viaje, caballero” y en marcha de nuevo.

Total, que ya estoy harto de reposo, voy a mandar al carajo mi vendaje, mi cabestrillo y voy a pillar una borrachera de tres pares. Luego me tomaré un Calmante Vitaminado y a trabajar que ya va siendo hora.

Me parece a mi que esto de la tendinitis... no es más que otra excusa que se buscan los médicos de hoy en día para evitar que los viejos botiquines de los años 70, les dejen sin curro.