Fort Grande... Fort Grande??

Cuando llego a casa después del trabajo suelo encontrarme a mi mujer echándole un vistazo a mi blog. Ella hace poco que ha llegado de su trabajo también, así que después de vestirse con ropa cómoda, se sienta frente al ordenador y se pone al día de mis entradas y de las de otros blogs que sigue con frecuencia.

Yo acostumbro a dirigirme a la habitación y prepararme para una ducha o para unos arrumacos con mis hijos, pero en ocasiones me planto delante de ella esperando su “veredicto” sobre alguna entrada del blog en concreto.

—Me gusta —suele decir—. Lástima que escribas sin revisar nada. Normalmente todos los textos que revisas o reescribes suelen quedarte mejor. Deberías tener un blog con tus relatos.

—Ya, pero... para esto sirve un blog. Para escribir lo que te pasa por la cabeza sin ninguna otra pretensión, y menos literaria... al menos, no para este blog —le comento.

—Vale, pero cuando reescribes te queda mejor —insiste.

Eso acostumbra a suceder después de ése “me gusta” inicial; es decir... que después del... “me gusta”... hay un “pero”. De modo que cuando no le gusta... que les voy a contar. Por poner un ejemplo:

—Ultimamente en el blog estás muy trascendental —me dijo a principios de esta semana.

—Trascendental? —pregunté en un intento de eludir cualquier aclaración o de ganar tiempo para poder dar una buena respuesta.

—Si, trascendental. A qué viene contar cosas pretendidamente profundas en un blog que haces con la intención de que sea un simple entretenimiento?

—Bueno... también puede haber entretenimiento en cosas pretendidamente profundas... No? —traté de darle la vuelta a la tortilla, cosa que con mi mujer... difícilmente me funciona.

—Vale, pero... te da por contar intimidades como la de que si te circuncidaron de niño, conversaciones que tienes con tu hijo... Que sé yo, un día de estos eres capaz de escribir sobre las conversaciones que mantenemos tú y yo.

—Hummmm... no, yo jamás haría esto —le dije muy convencido.

—Ni se te ocurra. Eh? —me insistió con tono, mirada y ademán amenazante.

—Mira cielo... Esto del blog para mí es algo de tipo terapéutico. Me ayuda a tomarme el pulso. Cómo te diría yo?... Si un día me apetece hablar de algo, pues lo hago, y lo único que intento es relacionarlo o tratarlo directamente sobre el punto de vista de los años 70 para no perder el hilo con el que se inició, pero... joder!... es mi blog y tampoco quiero obligarme a nada.

—Terapéutico? —preguntó.

—Eh? —murmuré sin saber siquiera ni si yo le estaba hablando de eso.

—Has dicho que tu blog es algo así como terapéutico. Desde cuándo necesitas tú terapias?

—Mujer... a mi modo... Todos necesitamos algo terapéutico de vez en cuando.

—Bueno... haz lo que quieras. Como bien dices es tu blog, pero me gusta más cuando tratas con humor historias de tu infancia, o cuando comentas algo sobre juguetes de aquellos que había en nuestra época.

—Ya...

—Que por cierto... Para qué pusiste la encuesta en el blog? No ves que lo que la gente más está pidiendo son juguetes setenteros? Por qué no haces más entradas dedicadas a ellos?

—Bueno, pues...

—Y el palomitón Payá? —me interrumpió—. Me dijiste que estabas preparando una entrada sobre mi palomitón Payá, pero de eso... anda que no hace meses.

—Estoy en ello, de veras... estoy en ello, pero por lo de la encuesta... pues no sé... la puse por ver qué tal, pero... eso no significa que deba de atarme de pies y manos.

—Ya... tu y esa manía de hacer siempre lo que te da la gana. Que ya me gusta... te hace especial, pero que sepas... quiero que la próxima entrada sea de algún juguete setentero; y ya no sólo porque éso es lo que voté yo en la encuesta, si no porque es lo que pide la mayoría —me dijo con una de esas rotundidades inapelables. Ya saben, de esas... que apetece desobedecer.

—Bueno, bueno... pues no se hable más. En la próxima entrada ya pondré uno de esos jodidos juguetes y así, tanto tú como los que han votado en la encuesta... estaréis contentos. Vale?

—Pues claro hombre, si total... no te cuesta nada.

Mi mujer se levantó de la silla frente al ordenador tras pedirme que me pusiese cómodo para la cena. Antes de salir de la habitación se detuvo junto a la puerta y se giró contemplando cómo yo estaba allí, con el mirar perdido.

—Que conste que también me gusta que te pongas... “trascendental”, pero creo que en el blog... pues no toca —me aclaró por si no me había enterado y prosiguió su marcha en dirección a la cocina.

—Vale... lo tendré en cuenta —contesté.

—Ah!... y ni si te ocurra hablar nunca de mí en tu blog. Que te veo venir.

—Tranquila cariño... yo ya sé cómo eres tú para tus cosas y eso... no se me ocurriría en la vida.

Así que como pueden comprobar, esta no es más que la entrada referente a un juguete setentero. El Fort Grande. Un fuerte que no era de la casa Comansi, un fuerte de los baratitos, pero fabricado de buena madera y que forma parte de mi colección particular.

En caso de que alguien desee saber más sobre él, no tiene más que clicar este enlace y conocerá mi historia con el Fort Grande, un juguete setentero de esos que les gusta... a la mayoría.

También les dejo con it's Raining Men, un tema que compusieron en 1979 Paul Jabara y Paul Shaffer. La versión del video es la que popularizaron en 1982 las Weather Girls.

Que a veces me pregunto... Cómo es posible que a un chica a la que le llovían los hombres por todas partes y a la que le sobraban pretendientes... fuese a escogerme a mi?

Será porque siempre le hago caso... o no.