XXXI Feria De Coleccionistas De Juguetes Antiguos

Tengo un colega de oficio que dice que los médicos son muy importantes porque salvan vidas; en cambio, los dibujantes hacemos algo más importante y que consiste en hacer esas vidas más agradables. Imagino que tiene razón a ratos y con según que trabajos, pero el caso es que para nuestros editores debe ser algo así ya que nos aprietan con las fechas de entrega y nos exigen nuestros trabajos como si el futuro de la humanidad dependiese de ellos, de nuestros dibujos... cualquiera dirá.

El caso es que por compromisos con mis editores y con esa extraña obligación, que como dibujante, tengo de salvar al mundo, la crónica sobre la XXXI Feria De Coleccionistas de Juguetes Antiguos ha tenido que esperar hasta hoy. En cualquier caso, deseo que os resulte útil y agradable.

Me sucedió algo similar a lo que pasa cuando uno va de viaje a la otra punta del mundo y se encuentra delante de alguno de esos monumentos que son patrimonio de la humanidad y que aparecen fotografiados en todos los libros en ángulos de cámara contrapicados que les hacen parecer apoteósicos; "Me la imaginaba más grande". Esa fue mi primera impresión al ver el espacio dedicado a la feria: un recinto diáfano en el cual se encontraban unas hileras de mesas cargaditas de juguetes antiguos y que quizá, con motivo de la lluvia, no estaba a petar de gente que digamos. No obstante, cuando empecé a sumergirme entre los muchísimos objetos que llenaban las mesas del lugar, me invadió una especie de "enamoramiento", me dejé llevar y disfruté de la cantidad de recuerdos que algunos de los juguetes trajeron a mi mente.

Como de costumbre, los precios de algunos objetos eran muy razonables, mientras que otros llegaban al exceso, y pocos, muy pocos podían considerarse auténticos chollos. Quizá por el tema de ventas y subastas por internet los vendedores no sólo han consensuado los precios de muchos de los objetos, sino que también tienen muy claro cuales de ellos son los más buscados, por escasos, y pisan el acelerador hasta que consiguen que te duela lo indecible la cartera. Algunos de esos objetos son pequeños juguetes que en otros tiempos hubiesen ido a parar a un contenedor, pero que hoy se han convertido en auténticas joyas.

Muñecas, muñecos, cochecitos de todas las épocas, juguetes de hojalata, juegos de mesa, soldaditos de plástico y plomo, coches dirigibles en funcionamiento pese al paso del tiempo y otros convertidos en auténticas piltrafas, casitas de muñecas, etc, etc. Probablemente lo más antiguo que rondaba por ahí era un curioso juego de cura de los años 30 con su disfraz, su altar de madera plegable, su bandejita para las hostias benditas y el cáliz para el vino de misa. De la misma época habían algunos juegos de mesa y algún juguete de madera y hojalata. Entre lo más moderno se podía ver algún muñequito ochentero de Dragon Ball, pero por lo general, la mayoría de juguetes databan de las décadas de los sesenta y de los setenta. Vaya... un vicio para los cuarentones nostálgicos que recorríamos las hileras de mesas con caras de niños en día de reyes.

No podía faltar, como en todas las ferias, el típico "vendedor furtivo"; es decir, el que no ha pagado su licencia para tener ahí su puesto, pero que catálogo en mano va recorriendo el recinto en busca de los auténticos interesados en comprar y abordándoles para ofrecerles un precio más barato que el que acaba de darles el "vendedor oficial". Esos tipos son como radares humanos que captan la señal de un modo inmediato, y que mientras tú estás pensando sí el precio que te acaban de dar por un juguete, es razonable o no, ellos se te pegan a la espalda, miran a un lado y a otro temiendo ser vistos, y te susurran al oído que sí te interesa ese objeto, ellos lo tienen más barato y en mejor estado. Seguidamente se apresuran en decir: "Vayámonos fuera que aquí me pegan. Te enseño el catálogo y si te interesa, tengo la furgona dos calles más abajo y te sirvo el juguete". Te hacen sentir como si andases trapicheando con droga o algo así, son como "camellos" del mundo del juguete antiguo!

Bajo mi punto de vista hubieron dos grandes ausencias: por una parte los MADELMAN, a excepción de un Jeep del MADELMAN safari en su caja, no había absolutamente nada más. Por otra parte los sobres de soldaditos Monta-Plex; me extrañó no encontrar absolutamente ni uno, ni tan siquiera una ristra miserable de soldaditos montados en colada compartiendo espacio con los indios y vaqueros de COMANSI.

Para terminar os dejo con mi impresión más personal. Bien dicen que "cada uno habla de la feria según le va en ella". Yo salí de allí cargado de ilusión y de frustración a partes iguales. La ilusión me la trajo el poder comprar una vieja hucha de plástico y hojalata de finales de los sesenta, fabricada por la casa RICO, con forma de gasolinera y que se abría automáticamente cuando conseguías reunir en su interior la cantidad de 100 pesetas (rubia a rubia). La tenía de pequeño y mi madre iba dejándome pesetillas para que la fuese llenando poco a poco. También conseguí "casi" completar mi colección de figuritas DUNKIN de "El Conejo de la Suerte" sacada al mercado por Gallina Blanca en 1968. Estoy a falta de una sola figura que espero conseguir en breve. La frustración me vino de la mano de dos grandes juguetes que también tuve de pequeño y que actualmente sólo los he visto en fotografías de vendedores de internet, pero que por elevado precio no he podido adquirir jamás. Digamos que se trata de frustraciones a las que ya debería estar acostumbrado debido a que cada vez que alguien los pone a la venta me palpita la vena de la sien, pero lo que piden por ellos me hace pensar que como prioritario, está guardar el dinero para los dentistas de mis hijos. Lo malo de la feria fue que esos juguetes los tuve físicamente a dos centímetros de mis ojos, los pude tocar, estaban allí... en corpóreo, y me decían: "cómprame, cómprame". Verlos en vivo hace que los recuerdos que conservas con esos juguetes se hagan más intensos. Sentir el olor de los objetos y asociarlo a "momentos" es lo peor que te puede suceder cuando sabes (porque lo sabes), que el vendedor te va a pedir un precio y que tú, no vas a tener más remedio que destinar ese dinero a los braquets que tus hijos lucirán en sus bocas y que podrás ver, con lagrimita cayendo del ojo incluida, cada vez que te los muestren en una de sus impagables sonrisas.



Lo cierto es que quien no se conforma es porque no quiere y ya que no pude comprarlos, al menos, ahí os dejo las fotos: Un precioso robot de plástico transparente que permitía ver su maquinaria interior y que era posible montar y desmontar pieza a pieza. Y el coche de Los Ye-Yes de la casa RICO en el que un sucedáneo de los Beatles (imagino que para no pagar derechos de imagen) iban de gira por el mundo con sus canciones.
La verdad es que fue una feria memorable a la que yo acudí por primera vez, pero que repetiré, sin duda, el año que viene.

Dejo una foto de Nancy y otras muñecas que saqué para las aficionadas y coleccionistas de muñecas; las había, pero también bastante caras.


Más imágenes sobre la feria en el blog de Núria a la que de paso, felicito en su aniversario bloggero.

Fotografías que ilustran esta entrada realizadas por el Kioskero del Antifaz.